La sal de la tierra – Insistencia y resistencia en el arte como goce subjetivo

*Texto expuesto en Jornadas de Psicoanálisis y Arte, Valparaiso, Chile, 2018.

Al ser Psicoanalista mi campo es el área del sujeto del inconsciente, por ello, ante el tema de estas Jornadas de Psicoanálisis y Arte, me propuse relacionar dos conceptos, dos ideas que son las mismas que están en relación en el tipo de clínica que realizo. Estas ideas serán:

1. El arte como la expresión del sujeto del inconsciente, es decir, desde una mirada clínica, intentar traducir qué sentido tiene una obra artística para el sujeto que la produjo, que podríamos decir es sintomática. Y…

2. Pensar el arte como resistencia política, desde los postulados de Gilles Deleuze y Félix Guattari, filósofos franceses que han contribuido al psicoanálisis con ideas que lo descentran y liberan de la típica novela familiar burguesa en la cual, fácilmente, podemos entramparlo.

Esto a propósito del documental “La sal de la tierra” (Wenders & Salgado, 2014) , que muestra la vida y trayectoria del fotógrafo sociodocumental y fotorreportero brasileño Sebastião Salgado. El documental está motivado por la inquietud de su hijo mayor, Juliano, uno de los realizadores de la película, quien se pregunta por qué su padre emprendía infinitos viajes, por qué no estuvo en su niñez, qué lo llevó a ausentarse de compartir momentos y tiempo tan valioso con su familia.

Se propone conocerlo como sujeto, no como padre, no como esa función y que denomina a todos con ese genérico “padre”, para comprender tal ausencia. Pregunta similar a la que podemos hacernos nosotros en relación a un sujeto, en este caso, Artista: ¿Qué lo motiva a hacer cosas que en muchas ocasiones no tienen por objetivo el placer? ¿Por qué el sujeto está llevado en su hacer, el cual casi siempre lo tensa, lo interpela, le molesta?

A partir de esta pregunta abordaré la primera idea que les comentaba, el arte como síntoma del sujeto.

Desde la clínica hay varios conceptos que nos ayudan a pensar al arte como la manifestación del sujeto del inconsciente. La sublimación, por ejemplo, habla, específicamente, de ello: cómo un sujeto puede ser capaz de transformar un elemento del inconsciente en un elemento estético, artístico, la creación, ya sea, de un escrito, una pieza musical, una pintura, una fotografía; como es el caso de Salgado, y tantas otras que, según el psicoanálisis freudiano, implicaría el cambio de destino pulsional hacia uno “desexualizado”, implicando la creación artística o cultural. Así se trasforma un elemento del inconsciente proveniente de las pulsiones del sujeto a uno social, a algo que se comparte con los otros de manera aceptada socialmente.

Si Salgado no hubiese decidido, en un momento de su vida, dejar su prometedora y bien pagada carrera como economista, con, incluso, un magister en Francia y un trabajo en la Organización Internacional del Café; con miras a obtener uno en el Banco Mundial para dedicarse a la fotografía, si no hubiese hecho esa apuesta por su deseo, si hubiese considerado que esto era una crisis existencial, un malestar con la vida pero que bueno... hay que sobrellevarla como todos lo hacemos y soportarla para darle un buen pasar a su familia y vivir, quizás, solamente de manera íntima su inconformidad, si no hubiese sublimado y compartido con todos nosotros sus inquietudes, no lo conoceríamos hoy como el fotógrafo que es.

Existe otro concepto que se me hace relevante abordar en relación a la pregunta que motiva el documental y también como decía, esta reflexión. El goce es un concepto lacaniano, es característico de lo sintomático, pero también de la cotidianeidad de la experiencia real del sujeto y Lacan lo define en Psicoanálisis y medicina, como:

“Lo que yo llamo goce en el sentido en que el cuerpo se experimenta es siempre

del orden de la tensión, del forzamiento, del gasto, incluso de la hazaña.

Indiscutiblemente hay goce en el nivel en que comienza a aparecer el dolor, y

sabemos que es sólo en ese nivel del dolor que puede experimentarse toda una

dimensión del organismo que de otro modo permanece velada.” (Lacan, 1985,

pág. 95)

Es por ello contrario al principio del placer, contrario a la lógica consciente que nos diría que un individuo se acerca a lo que le produce placer y se aleja de lo que le causa displacer. Entonces características de hazaña y de insistencia sintomática: ¿por qué no se deja de hacer, de repetir eso que causa sufrimiento, forzamiento? No causa placer, pero sí goce. Repetición de la que somos testigos muy de cerca quienes nos dedicamos a la clínica, el sujeto una y otra vez cae en las mismas situaciones, en los mismos pensamientos, en los mismos sueños, en las mismas temáticas (en cuanto a la producción artística), serán claves en el análisis que les propongo sobre la trayectoria existencial y fotográfica de Salgado.

Vida y obra de Salgado:

Les adelantaba algunas cosas sobre Sebastião, es brasileño, tiene 74 años actualmente, casado con Lélia Wanick, quien tuvo un papel determinante en su vida y por lo tanto también en su obra, ella fue quien llevó una cámara fotográfica a casa, la primera fotografiada, quien apoyó sus decisiones, una tan grande como dejar su importante carrera de economista y la productora de los proyectos fotográficos que revisaremos, de hecho, las investigaciones para llevarlos a cabo las hicieron juntos y las publicaciones y exposiciones fueron producidas por ella, así como el documental del que estamos hablando, también fue la autora intelectual y gestora de la última gran obra de Salgado, que veremos más adelante.

Viviendo su infancia en Minas Gerais, a los 17 años deja la granja de su padre quien lo envía a estudiar a la ciudad. Su padre aparece en el documental, es hombre de campo, ganadero y agricultor, que explotó su tierra tanto como pudo para “darle un buen pasar” a sus 7 hijas y a Sebastião, “buena ropa y educación”, remarca. De él tenemos el testimonio que a Sebastião el asunto académico nunca se le dio muy bien, prefería involucrarse en la política. Además, cambió de carrera, un año estudió Derecho y luego continuó con Economía.

El joven Sebastião conoce a Lélia y ambos siguen sus estudios universitarios en un Brasil agitado por la dictadura, eran activistas políticos y, en cuanto pudieron, se fueron a Francia para seguir con sus postítulos. Allí Salgado descubre la fotografía y no puede volver atrás.

Así comienzan estos viajes interminables en los que, sumergiéndose por años en lugares inhóspitos, en culturas masacradas, emergieron los proyectos fotográficos que me gustaría revisar a continuación:

África será un continente que marca a Salgado y lo obliga a volver una y otra vez, en una repetición incesante de significantes que toman su forma por primera vez en fotografías de jóvenes madres africanas que lo impactan por las difíciles condiciones en las cuales crían.

En su primer libro, Otras Américas (Salgado, 1986) , viaja por México, Bolivia, Ecuador, cuando termina la dictadura, también viaja por el norte de Brasil. Vemos imágenes de pueblos y culturas latinoamericanas marcadas por la escasés, la religión católica mezclada con las culturas a las cuales se les impuso, la “teología de la liberación”, alta mortandad infantil, las revueltas políticas de los campesinos y la búsqueda de otros lugares para vivir mejor. Luego de este viaje, Salgado vuelve a la granja de su padre y se encuentra con un panorama desolador: una tierra seca, quemada, explotada e infértil.

La “urgencia que tenía de irse”, relata su hijo en el documental, fue comprendida. Había que explicar lo inentendible para la razón, ¿por qué después de haber esperado el fin de la dictadura para retornar a su país, tuvo que emprender un nuevo viaje a África? ¿por qué no encontró la calma cuando se suponía que lo haría?

Sahel, el final del camino (Salgado, 1986) , retrata la hambruna, los campos de refugiados: “Que mucha gente vive angustiada en esta región de África, no por desastres naturales”, dice Salgado. Trabaja con “Médicos sin Fronteras”, por lo que puede fotografiar el anhelo de miles de personas que buscaban agua, comida, asilo, medicina… en los puntos de ayuda humanitaria, objetivos que muchas veces no se cumplieron y Salgado resiente esa desilusión. Aquí nos encontramos con fotografías como por ejemplo la de un padre que, movido por la esperanza de salvar a su hijo, hizo todo el recorrido hasta el punto de ayuda, pero ni su hijo ni su camello resistieron, solo queda él. Un niño que casi sin nada, mira con determinación en el horizonte algo que no encuentra. Un retrato de su propia posición.

Después tenemos Trabajadores (Salgado, 1993) , donde la tarea fue fotografiar, en casi 30 países, a los trabajadores que construyeron y sostienen este sistema económico industrial en el que vivimos. Con una imagen de este proyecto comienza el documental: Los trabajadores de La Sierra Pelada, una mina de oro en Brasil, donde Salgado dice ver el origen de las civilizaciones con la ambición como su motor, la economía.

“Pero Lélia y Sebastião no podían descansar”, dice Juliano en el documental. Así que se proponen Éxodo (Salgado, 2000) , donde se muestra el desplazamiento de poblaciones enteras debido a guerras, hambrunas o el mercado global. Le impacta lo sucedido en la ex Yugoslavia, ¡esto no es sólo cosa de países subdesarrollados! Más se decepciona de la ONU.

Se repite África y aquí algo ocurre, después de Ruanda, donde vio la locura misma, el desquiciamiento de gente juntando el dinero que en ese contexto no tenía ninguna utilidad sin embargo conservaba su valor, de gente cortándose el pelo como si eso allí importara... Sebastião también enloqueció, estaba enfermo, pero no tenía nada físico, era el alma, dice en el documental: “Cuando me fui de ahí, ya no creía en nada, en ninguna salvación para la especie humana. No podías sobrevivir a tal cosa. No merecíamos vivir, nadie merecía vivir.”

Después de este viaje, la familia debe regresar a Brasil, el padre de Sebastião estaba enfermo y finalmente muere.

Podemos ver en todas esas imágenes las consecuencias en la humanidad, en “La sal de la tierra” que somos los humanos, lo que ha ocurrido en distintas culturas, ¿pero por qué? ¿qué lo ha causado?

En este punto quiero introducir la segunda idea que les propuse, pensar el arte como proponen Deleuze y Guattari. Estos autores nos posicionan desde las sociedades de control, como en la que nosotros vivimos, una sociedad de libertades imaginarias que calman e invisibilizan la verdad que es que estamos inmersos en ella, producidos por ella, viviendo en ella sin otra posibilidad más que las que ofrece y que nos da plena libertad para escoger entre esas escasas alternativas que parecen ser la misma. ¿Puede el arte constituirse en un punto de fuga, en una vía para algo diferente?

Oponen comunicación a arte. La comunicación reproduce lógicas del sentido común, de lo aceptado, de lo legítimo, habitus; mientras que el arte produce, rompe, muestra lo que no se ve, hace escuchar lo que no se escucha. Creaciones que trastornan los moldes afectivos y perceptivos, trastocando así los sentidos como los aceptamos y conocemos.

Entonces, la obra artística tendría que producir un efecto en nosotros, una “desorganización”, un cuerpo sin órganos (como dicen Deleuze y Guattari), es decir, una salida de la lógica consciente, yoica y de la organización que es ya producto de los discursos que circulan en el capitalismo neoliberal y que organizaron hasta nuestros sentidos, hasta nuestras pulsiones.

“... hacer el movimiento, trazar la línea de fuga en toda su positividad, traspasar un

umbral, alcanzar un continuo de intensidades que no valen ya sino por sí mismas,

encontrar un mundo de intensidades puras en donde se deshacen todas las formas, y todas

las significaciones, significantes y significados, para que pueda aparecer una materia no

formada, flujos desterritorializados, signos a-significantes.” (Deleuze & Guattari, 1990,

pág. 24)

¿Cómo aplicar esto al arte que tan fácilmente se distribuye?, ¿A las canciones de amor que escuchamos en la radio?, ¿Al arte que promueve el Ministerio de cultura?, ¿A los proyectos artísticos que se ganan los fondos gubernamentales para su producción?, ¿A los nuevos artistas,

tan populares hoy en las redes sociales?, ¿A los recién galardonados en los premios Pulsar de la música chilena?: Reproducción, no creación.

El artista puede enfermar, como Sebastião, cuando la insistencia sintomática solamente reproduce, repite. Sus fotografías son brutales, no son bellas ni agradables, son en blanco y negro. Si bien, producen algo en nosotros, no es más que horror, tristeza, lo velado, lo que no queremos ver. En él, podemos decir, eran pura insistencia, llevado a cometer una hazaña, viajando y viviendo en lugares inhabitables, necesidad de un hombre hijo de inmigrantes, trabajadores que mediante una lógica capitalista y con todas las buenas intenciones de la gente decente y de los padres responsables, le quisieron dar todo, y él casi sigue ese destino: ser un hombre blanco, profesional y exitoso. Cambió su vida, radical y literalmente lo dejó todo, dejó la economía, por ver afuera eso que llevaba por dentro, un malestar con una forma de vida que promete el desarrollo y la comodidad a costa de mucho, de secar la tierra, como lo que ocurrió con la granja de su padre. Y enfermó en esa repetición, ¿cuántos artistas han muerto y han dejado en su producción las pistas para que podamos comprender su decisión? No Salgado, ¿qué hacer: reclamar, exigir algo a las Naciones Unidas, a “Médicos sin Fronteras”, ¿denunciarlo al mundo?

Génesis (Salgado, 2013) es una propuesta distinta, gira hacia la fotografía naturalista, vemos animales, plantas, manadas, grupos, madres exuberantes, otras formas de vida, no gente yéndose o muriéndose, sino viviendo en comunidad. No lo que no queremos ver ni lo que esperamos ver: algo diferente, otros mundos, el inicio de uno nuevo.

A Lélia se le ocurre una tarea majestuosa, la gran obra final de Salgado que les comentaba al inicio: replantar la selva que había antes y a pesar de sus miedos y fantasías de muerte, hoy tienen una reserva llamada “Instituto Terra”, donde la vida renació, vegetación y animales han vuelto a formar aquella selva brasileña, frondosa, húmeda y en equilibrio.

Salgado creó, en su arte y en su vida, produjo un cambió, tomó la vía de fuga de lo que causó todo este malestar social y subjetivo, particular, eso que no estaba en sus fotografías. En el imaginario que nos presenta cambian muchas cosas: de retratar humanos pasa a vegetación, animales y culturas aisladas, de lo inhumano a otros humanos, de madres y padres incapaces de mantener con vida a la madre naturaleza, en definitiva, de la muerte a la vida, de Éxodo a Génesis.

Salgado nombra por primera vez en el documental a su madre, recordándola a partir de esos helechos que ella plantó y que ahora se le aparecen como su cabello. El arte nos muestra al sujeto del inconsciente que produce esa obra, el artista necesita mostrar su síntoma, su malestar, la repetición y la insistencia de ese síntoma. Así como en el análisis, el analizante le muestra y repite con ese Otro, gozando en ese síntoma, que es existir de determinada manera, con cierta organización que parece ser la única. Muchos logran el éxito, ya que los espectadores se pueden identificar con ese síntoma. Éxito que valora, entonces, un modo gozante de existir.

Allí no hay vías de escape, allí un análisis se estanca porque algo no se está escuchando. Si el artista/analizante escucha en su obra, en su discurso, en sus pulsiones o en su síntoma su verdad subjetiva, su sentido y la causa de ella, no quedará otra alternativa más que resistir políticamente a esos discursos que antes insistían sintomáticamente y que hacían gozar al sujeto, esos que lo produjeron tendrán que ser abandonados al hacerse conscientes, se tendrá que resignar ese tipo de existencia para que otras posibilidades de existencia aparezcan y se puedan crear. La posición subjetiva cambia.

“El artista o el filósofo son del todo incapaces de crear un pueblo, sólo pueden llamarlo

con todas sus fuerzas. Un pueblo sólo puede crearse con sufrimientos abominables, y ya

no puede ocuparse más de arte o de filosofía. Pero los libros de filosofía y las obras de

arte también contienen su suma inimaginable de sufrimiento que hace presentir el

advenimiento de un pueblo. Tienen en común la resistencia, la resistencia a la muerte, a la

servidumbre, a lo intolerable, a la vergüenza, al presente.” (Deleuze & Guattari, ¿Qué es

la filosofía? , 2001, pág. 111)

Si la fotografía es pintar con luz, este fotógrafo logró iluminar una selva.

Bibliografía

Deleuze, G., & Guattari, F. (1990). Kafka. Por una literatura menor. México: Ediciones Era, Trad. de Jorge

Aguilar Mora.

Deleuze, G., & Guattari, F. (2001). ¿Qué es la filosofía? . Barcelona: Anagrama.

Lacan. (1985). Psicoanálisis y medicina. En D. Rabinovich, Intervenciones y textos (págs. 86-99). Buenos

Aires: Ed. Manantial.

Salgado, S. (1986). Otras Américas. La Fábrica.

Salgado, S. (1986). Sahel, el final del camino.

Salgado, S. (1993). Trabajadores.

Salgado, S. (2000). Éxodo.

Salgado, S. (2013). Génesis.

Wenders, W., & Salgado, J. R. (Dirección). (2014). La sal de la tierra [Película].

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